Rodeado
por imponentes montañas de roca caliza que se abren
para que corran las aguas del río del Nacimiento
y del arroyo BenaIfí, la población de Ubrique
nos produce, al divisado desde la carretera, una sorprendente
impresión que la convierte en uno de los pueblos
más atractivos de la serranía gaditana.
Sin
duda alguna, los más claros precedentes de la actual
localidad nos conducen a la antigua ciudad romana de Ocuri,
construida en el siglo 11 en lo alto del Salto de la Mora,
un emplazamiento estratégico que controlaba uno de
los pasos naturales más significativos de la sierra
en la ruta hacia las bahías de Algeciras y de Cádiz,
que una vez abandonada vivió un poblamiento de carácter
disperso que daría lugar a otros asentamientos urbanos.
Con
la Llegada de los musulmanes, fundamentalmente tribus bereberes,
la zona adquiere un resurgimiento económico gracias
a la explotación agropecuaria, siendo un claro exponente
de esta civilización la Fortaleza de Cardela, conocida
como Castillo de Fátima, que goza de un periodo de
paz hasta mediados del siglo XIII, pues desde ella se controlaba
el paso occidental al valle del río Ubrique.
Sin
embargo, es ya en la modernidad, una vez finalizada la Reconquista
y después de la pacificación del levantamiento
de los moriscos en 1501, cuando se constituye la actual
población, que llega a convertirse en el núcleo
más importante de la zona. Su trazado urbano se inicia
en la zona alta, adaptándose a la sinuosidad del
terreno, y en donde se encuentran los monumentos más
antiguos como la Iglesia de Jesús, conocida anteriormente
como Capilla de San Sebastián, edificación
iniciada en el siglo XVI, situada en la plaza del Jardín.
También la Iglesia de San Juan de Letrán,
construida en el siglo XVII, y ubicada entre la calle Real
y la plaza de San Juan, así como el Convento de Capuchinos,
construido en el siglo XVII, situado en la calle Miguel
Reguera y que llegó a ser un importante centro cultural
en el que se formaron oradores y misioneros de gran renombre,
como Fray Félix José de Ubrique, el Beato
Diego José de Cádiz y el Padre Buenaventura
de Ubrique.
El
centro más significativo del urbanismo de la ciudad
lo constituye la plaza del Ayuntamiento, en la que se encuentra
la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la O,
construida en la segunda mitad del siglo XVIII y que responde
a los cánones del más severo neoclasicismo,
y en la misma se ubica el actual Ayuntamiento, edificado
en la primera mitad del siglo XIX con idéntico estilo.
Siguiendo el recorrido de sus calles, en la de la Torre
vemos la Iglesia de San Antonio, construcción de
la segunda mitad del XVII y que fue antiguo templo parroquial,
con airosa espadaña que se ha convertido en el símbolo
emblemático de la ciudad. Asimismo en la actual calle
Consistorio tenemos 10 que fue la antigua Iglesia de San
Pedro.