La
población de Jimena de la Frontera remonta su origen
a tiempos ancestrales. Se conoce la existencia de primeros
asentamientos en épocas prehistóricas, cuya
principal muestra está representada por las pinturas
rupestres de la Laja Alta.
En
la antigüedad se asentaron por estas tierras los libios
fenicios norteafricanos.
Existieron asentamientos romanos; prueba de ello son los
numerosos restos de esta cultura encontrados en la zona,
como necrópolis, monedas, etc. Del paso de los árabes
también podemos destacar importantes hallazgos de
vasijas y utensilios domésticos.
Hacia
el año 750 tenía Jimena gran importancia comercial
entre los moros, que hicieron de ella una fortísima
posición militar, aunque durante toda la dominación
sarracena llegó a despoblarse, manteniéndose
solamente la fortaleza fronteriza. Perteneciente unas veces
al Waliato de Málaga y otras al Rey Moro de Granada,
cayó en dos ocasiones en poder de los cristianos,
que la volvieron a perder, conservándola los granadinos
hasta poco antes de su rendición. Reconquistada en
1489, pasó al Señorío de los Ponce
de León, Duques de Arcos, asistiendo con su bandera
a la toma de Granada y siendo tal el valor de sus jinetes
que los Reyes Católicos le dieron el título
de Lealtad en 1493, y más tarde, en 1498, Carta de
Fuero Real.
Felipe V le concedió en 1717 el dictado de Fiel por
su actitud durante la Guerra de Sucesión. En los
años treinta, la Sociedad Industrial y Agrícola
del Guadiaro es comprada por D. Juan March Ordian, quien
en 1944, decide vender sus propiedades, comenzando así
la desintegración del latifundio para pasar a manos
de pequeños propietarios que se mantienen hasta nuestros
días.
El
paisaje jimenense es de gran variedad y belleza. Cuenta
con importantes cotos de caza mayor y menor, y una enorme
riqueza forestal, tanto en las zonas montañosas,
como en las vegas de las poblaciones de San Pablo de Buceite
y San Martín del Tesorillo. Jimena es, pues, para
los amantes de la historia y la naturaleza un verdadero
paraíso de disfrute y relajación.
Con
el alejamiento de la frontera y recuperación de Granada
por las tropas de los Reyes Católicos se coloniza
el territorio con inmigrantes traídos de la Sierra
Norte de Huelva. La inseguridad de los terrenos periféricos
obliga a los habitantes a instalarse en las zonas altas,
bajo protección de las Murallas. La estabilidad del
siglo XVI hace que la población se deslice por la
falda del cerro hacia zonas menos abruptas, flanqueando
los caminos de acceso a la fortaleza.
Así
van surgiendo las primeras vías urbanas de Jimena,
como la calle de La Loba, Cantón de la Palma o Cruz
del Rincón; y con el límite de zonas de suelo
inestable, las populares grederas, la ciudad toma dirección
norte, a finales del XVI, en un ensanche de suelo útil
para edificar, se erige la Iglesia y el Convento de Nuestra
Señora de la Victoria sobre la primitiva Ermita de
Santa Ana. Se configura tal como conocemos hoy el Barrio
Alto, con trazados de calles ya independientes de las rutas
originales que seguían los caminos y calzadas existentes.
Se
realizan las construcciones palaciegas de la calle San Sebastián
y Calle Sevilla, con la vista siempre puesta en la estabilidad
de los suelos. La abrupta orografía provoca que los
niveles de edificación sean elevados, llegando a
cuatro plantas en los patios traseros, en muchos edificios,
donde los muros de cargas y sus correspondientes octogonales
hacen las veces de contención y contrafuertes.
Por
la singularidad de su paisaje urbano, Jimena de la Frontera
se declara Conjunto Histórico Artístico en
el año 1931.