Los
primeros vestigios de vida aparecen en la Cueva de la Pileta,
habitada por los hombres desde el Paleolítico, dejaron
en ella su paso en forma de pinturas y utensilios rupestres
que la convirtieron en Monumento Nacional en 1924.
Escribe Vázquez Otero sobre Benaoján "No
es un pueblo carente de historia", ya que el hombre
primitivo vivió si no en él, en sus inmediaciones,
como lo acreditan las hachas y otros utensilios de piedra,
los restos humanos fosilizados, los trozos de cerámica
y las pinturas rupestres encontradas en sus cavernas.
Mas
es lo cierto que hasta hoy sólo existe una gran laguna
entre aquellos tiempos prehistóricos y los que caen
dentro del área del testimonio escrito. Sin embargo
este pueblo, como todos los de España, se ha sorbido
sin hacer ascos raciales, como alguien ha dicho muy gráficamente:
" la sangre celta, la romana, la visigoda, la semita
y hasta la india hacen que se mezclen las más diversas
culturas", ya que estas tierras fueron paso obligado
debido a su situación estratégica para los
fenicios, romanos, visigodos, árabes y cristianos.
Destruidos
sus archivos, sólo sabemos que el pueblo que nos
ocupa, a la caída de Ronda en el año 1485,
rindióse con su castillo al rey Fernando el Católico,
y que dicha fortaleza, con las de Montecorto y Audita, fueron
destruidas por la dificultad de poderlas presidiar, es decir,
por la imposibilidad de poder mantener en ellas guarnición
de tropas. Mas de todos los pueblos que por él pasaron,
sólo el musulmán ha dejado voces de su prosodia
en la toponimia, montes, ríos, arroyos, llanos y
vegas".
Su
nombre, de evidente origen árabe, unos lo hacen significar
hijos de Ojan, tribu bereber, y otros casa de panadero.
Poco más se sabe de la historia de esta villa, excepto
que fue poblada, por 60 familias según apeo y repartimiento
de tierras efectuado el día 6 de noviembre de 1571,
tras la expulsión de los moriscos rebeldes del lugar,
los cuales participaron activamente en la sublevación.
La
influencia musulmana se ve reflejada en la amabilidad de
sus habitantes, sus estrechas e intrincadas calles, torre
vigía, casas blancas y una toponomía popular
que se traspasa de padres a hijos. Sus sierras, caminos
y cuevas fueron utilizadas como cobijo por los bandoleros
y por los maquis.