El
municipio de Mijas, en plena Costa del Sol occidental, extiende
sus tierras desde la sierra del mismo nombre, en el Cordón
Montañoso Litoral, hasta el mar a través de
un movido paisaje de lomas, cerros y ondulaciones. La sierra
ofrece un panorama muy abrupto, pero suavizado en parte
los pinares que embellecen aún más estos parajes
y realzan la presencia de Mijas, que aparece en lo alto
como atalaya blanca, vigía del mar y señora
de la sierra. Recorrer estos lugares por la vieja carretera
que unía Mijas con Benalmádena es pasearse
por un gran mirador abierto al mar entre pinos y plantas
ornamentales de los chalets que jalonan el recorrido.
Al
pie de la sierra, en un laberinto de lomas y cerros ofrece
al viajero el contraste entre la imagen tradicional de estas
tierras y la fuerte transformación que la actividad
turística está produciendo. En la mitad occidental,
estos terrenos están cubiertos de monte bajo, zonas
de pinares y otras de pastizal con algunos olivares, mientras
que por los bordes sur y oriental, el paisaje tradicional
está experimentando una fuerte transformación
por el avance de las numerosas urbanizaciones y desarrollo
turísticos que trepan lomas y se meten por pequeños
valles y vaguadas.
En
la zona central del municipio en valle del río Fuengirola
abre grandes espacios que aún conservan importantes
zonas agrícolas, pero en donde los campos de golf
están también cambiando la imagen tradicional.
El
litoral es eminentemente turístico, incluso en aquellos
tramos de costa en los que la proximidad de los montes al
mar apenas si dejan alguna pequeña cala. Desde la
Punta de Calaburras hasta el límite con el municipio
de Marbella, la continuidad arquitectónica es la
nota dominante.