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Casares
forma parte importante del catálogo de pueblos blancos
malagueños asentados sobre la montaña, en este
caso sobre dos cerros y su correspondiente hondonada, por
lo que su propia configuración urbana de origen árabe
es ya de por sí un importante atractivo para el turismo
que recala en la vecina Costa del Sol. De la belleza es este
pueblo da idea el hecho de que está declarado Conjunto
Histórico-Artístico desde el año 1978.
En
la parte alta del pueblo se encuentran tres de los elementos
arquitectónicos más sobresalientes: las ruinas
de su fortaleza árabe, el cementerio y la iglesia parroquial
de la Encarnación, del siglo XVI y construida con tres
naves y sus correspondientes bóvedas que se hundieron,
está en proceso de restauración y por tanto
no abierta al culto. Su lugar lo ocupa la iglesia del convento
de los capuchinos, del siglo XVI, de planta de cruz latina
y una sola nave cubierta con bóveda y cúpula
sobre el crucero. La otra iglesia de Casares es la de San
Sebastián, del siglo XVI. También está
el convento de Santa Catalina, del siglo XVI, y como obra
civil, la fuente de la plaza (S. XVIII).
Otros
lugares de notable interés arqueológico y ecológico
son el abrigo de los Paredones, las cuevas de Ballesteros,
las de la Hedionda (necrópolis del neolítico),
de Crestellina y la del Gran Duque; las simas de los Huesos
y de Pito Díaz, y ya en el litoral que corresponde
a este municipio, la Torre de la Sal, que data del siglo XVI.
De la época contemporánea merece destacarse
por su significado histórico la casa natal de Blas
Infante.
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