Los
restos de torres vigía sobre los promontorios rocosos
costeros, prueban su antigua historia. Se sabe que fenicios
y romanos tuvieron asentamientos en estos lugares. Todavía
se pueden contemplar en Arroyo de la Miel las ruinas de
un arco romano que da entrada a un gran edificio llamado
La Tribuna, perteneciente también a dicha dominación
como lo demuestran los sillares de piedra y otros elementos
de construcción.
El
nombre se lo dieron los árabes, Ben Almadena, que
significaría hijos de las minas.
El
castillo de Benalmádena hasta su destrucción
fue de gran importancia defensiva. Tras la rendición
de Marbella en 1485 pareció que iba a conducir a
la rápida conquista del resto de la costa hasta Málaga,
sin embargo la resistencia al avance castellano fue grande
y el rey Fernando tuvo que acudir personalmente para dirigir
las ofensivas, que se hicieron más virulentas.
Ante este empuje muchos pueblos se rindieron, no así
Benalmádena, cuyos habitantes parapetados en su fortaleza
rechazaban sin cesar a las tropas del rey. Indignado, Fernando
ordenó que se tomase por asalto el castillo, lo que
ocurrió tras una inusitada resistencia. Después
la fortaleza fue derribada y Benalmádena se despobló.
Seis
años más tarde en 1491, en la Vega de Granada,
los Reyes Católicos otorgaron a Alonso Palomero,
vecino de Málaga, Carta de Privilegio para que se
repoblase la villa, bajo vigilancia e inspección
del corregidor de Málaga.
Benalmádena
se convirtió en capitanía para la defensa
de la costa de los sucesivos ataques de los piratas africanos
que arrasaban en sus incursiones parte de la comarca.
Importancia
internacional tiene el Museo Arqueológico Municipal
de Benalmádena, inaugurado el 5 de mayo de 1970 y
que consta de dos plantas de exhibición con una numerosa
colección de piezas neolíticas y precolombinas.