Fue
"Portus Albus" en tiempos de Roma; sus hornos
de cerámica en "El Rinconcillo" atestiguan
su existencia en el siglo I de nuestra era. Luego desapareció
para renacer con nombre moro, el mismo que conserva: "Al-Yazirat
Al-Jadra" (La Isla Verde), Algeciras, como hoy lo pronunciamos.
Tarik puso pie en estas tierras en la primavera del 711;
el conde Don Julián, el exarca bizantino de Ceuta,
fue su primer gobernador. Luego surgió amurallada
en la Villa Vieja, allí se levantó el alcázar
y la hermosa mezquita que construyera Ben Jalid.
Torres
y murallas bien almenadas defendieron la ciudad, a la que
tiempo después se le añadió la "Villa
Nueva" en el siglo XIII por orden de Yusuf.
Aquí
nació en 939 Almanzor, el gran capitán del
ejército árabe, que llevaría la frontera
musulmana hasta los Pirineos y vencería en cincuenta
campañas seguidas sin perder ni una sola batalla.
Y nacieron también escritores y poetas que dieron
fama a la ciudad.
Alfonso
XI sitió la plaza en 1.342, y, tras veinte meses
de duro asedio, entró triunfalmente en Algeciras
el día 28 de Marzo de 1.344, que era domingo de Ramos.
En recuerdo de esta festividad religiosa, mandó el
Rey consagrar la mezquita de Santa María de la Palma.
Más tarde el Papa Clemente VI concede una bula, mandando
que esta iglesia sea tenida por catedral y se traslade a
ella la de Cádiz.
Los
reyes de España por su parte, conocedores de la importancia
de esta conquista, unen su nombre a la corona, titulándose
desde entonces, y ya para siempre, "Reyes de Algeciras".
Ya
está Algeciras en poder de los cristianos. Este debería
haber sido el principio de su grandeza bajo las banderas
de Castilla; pero no sucedió, sin embargo, así.
Transcurridos
veinticinco años, nuevamente los moros, capitaneados
por Mohamed V de Granada, sabiendo desguarnecida la ciudad,
y en represalia por el asesinato de Don Pedro I, su aliado
y amigo, atacan y ganan la plaza algecireña en 1.369,
y, pocos años después, pensando que no podrían
retenerla en su poder, la incendian, la arrasan, no dejan
piedra sobre piedra y luego la abandonan.
Así
el recinto de la que fu "la plaza más importante
de Andalucía", en palabras de Guichot, se vió
de pronto convertido en un montón de ruinas humeantes.
Esto sucedió en 1.379.
Sus
habitantes huyeron hacia otras ciudades; la catedralvolvió
a Cádiz, y aquí apenas quedaron unas chozas,
refugio de humildes pescadores... Solo algunos restos de
torreones y murallas eran testimonio de su pasada grandeza.
Conquistada
más tarde Gibraltarm en 1.462, por Don Alonso de
Arcos, alcaide de Tarifa, Enrique IV, reinante entonces,
concedió diversos privilegios para estimular la repoblación
de aquella plaza; uno de éstos fue la entrega a Gibraltar
de los términos de Algeciras, para su reparto entre
los nuevos habitantes de la Roca. Y así nuestra ciudad
transformó sus ruinas en numerosas huertas y cortijos.
Pasa
el tiempo... Frente a los restos de Algeciras, Gibraltar
vive su plácida existencia... Nadie sospecha que
aquella piedra gigantesca vaya a ser separada violentamente
de nuestra geografía, llenando de dolor el corazón
de los españoles. El día 4 de agosto de 1.704,
como consecuencia de la guerra de sucesión, la escuadra
anglo-holandesa ataca Gibraltar, con tal furia, que la plaza
ha de rendirse al archiduque Carlos, pretendiente a la corona
de España; pero solo unas horas después la
enseña del archiduque es arriada, y en su lugar se
enarbola la bander inglesa. Gibraltar queda por la reina
Ana de Inglaterra.
Los
españoles se marchan, no quieren vivir bajo el yugo
extranjero, y abandonando bienes y hacienda se reparten
por estos campos....
El
núcleo mayor de estos leales gibraltareños
se refugia junto a la ermita de San Roque, donde después
nacería la ciudad de su nombre. Otro grupo se establece
en un oratorio, que más tarde daría lugar
a la población de Los Barrios, y otro pequeño
grupo se viene al solar de la antigua Algeciras, situándose
entorno a una ermita propiedad de la familia Gálvez
- la actual capilla de Ntra. Sra. De Europa - en lo que
hoy es la Plaza Alta, dando así lugar al resurgimiento
de la histórica ciudad.
A
partir de este momento, ya Algeciras no romperá su
continuidad, a través de lostiempos; pero tendrá
que vencer grandes obstáculos.
Al
principio dependía de San Roque, y ha de librar un
duro pleito para emanciparse. En 1.755 le es concedido su
primer ayuntamiento. En 1.723 construye su iglesia mayor
que dedica a Santa María de la Palma, como hiciera
Alfonso XI cuando la conquistó a los moros; en 1.748
levanta el Hospital Civil para atender a los "pobres
y desvalidos". Y en 1.777 construye el acueducto de
"Los Arcos".
Algeciras
ha empezado su nueva vida, su destino de gran ciudad de
la bahía no admite discusión.
Luego
vendrá su Feria famosa, autorizada en 1.850; la Conferencia
Internacional sobre Marruecos que dio a la ciudad fama de
hospitalaria y culta en 1.906. Y después, el gran
paso decisivo de su futuro: el puerto, empezado en 1.913.
A
partir de ese momento, Algeciras progresa a marcha acelerada;
su porvenir se vislumbra venturoso, y la belleza de su estampa,
confirma una vez más el sobrenombre de "la Ciudad
de la Bella Bahía".