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Caza
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ANDALUCÍA,
TIERRA PARA LA CAZA
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Nuestra
orografía, la riqueza de sus campos y una naturaleza
generosa y llena de vida hacen de Andalucía el
lugar ideal para la caza de especies de todo tipo. La
actividad cinegética se desarrolla dentro del
estricto respeto a la naturaleza. La sensibilización
del cazador hacia su entorno se traduce en una caza
selectiva que busca el mantener y mejorar las especies
que se cazan. Fruto de ello es la cría de ejemplares
para su repoblación que han regenerado y mantenido
diversos ecosistemas.
Andalucía
ofrece maneras de cazar tan características,
tan genuinas como la montería andaluza, los lances
de jabalíes en Doñana o el correr liebres
por la campiña. Además, de aprovechar
para ojeos la abundancia en sus campos de perdiz roja
y el delicioso manchoneo de conejos en el que tan bien
se lucen los podencos ligeros. A estas ventajas naturales
para el desarrollo de la actividad cinegética
hay que sumarle las actividades complementarias para
obtener como resultado un turismo alternativo de alta
calidad: recorridos por rutas monumentales y poblaciones
ricas en tesoros artísticos, el placer de acercarse
a las costumbres de una tierra, a sus gentes, disfrutar
de la riqueza de su gastronomía en la que la
caza juega un papel decisivo.
Modalidades
de caza
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| LA
MONTERÍA |
| Es
la más extendida de las prácticas de caza
del venado y del jabalí en Andalucía. Denominamos
"monte bajo" o "monte" a la masa vegetal
formada por gran densidad de plantas leñosas, manchas
arbóreas, sobre una orografía agreste y
bravía.
Se
rodeará una extensión de monte que habrá
de batirse con métodos casi castrenses. Exige
del cazador una organización absoluta. Los puestos
desde los que se va a tirar se sitúan en pasos
estratégicos de huida de las presas. Se forman
líneas que se denominan armadas, ocupando las
partes altas de las sierras o cuerda, y las partes bajas
o valle. También se ocupan las traviesas.
Los podencos de las rehalas persiguen los primeros rastros
hasta que las presas alertadas huyen hacia las zonas
de tiro. El sonido de las caracolas, los ladridos de
los perros, los disparos, la espera...todo forma un
espectáculo único que es parte inseparable
del paisaje andaluz.
En
pocas formas de caza como en la montería se unen
más íntimamente hombres, perros y paisaje.
Desde que se escogen los horcajos, pulpitillos, laderos
o cortaderos donde colocar las escopetas hasta que se
consuma el lance de tirar sobre una res, hay una tradición
de actos, gestos, ceremonias, cortesías y normas
que han llegado hasta nosotros de padres a hijos, generación
tras generación.
El
protagonista esencial de la montería andaluza
es el perro. Sin él no existiría. Cuando,
armada la mancha, se procede a la suelta, dando libertad
a las rehalas, la dicha del podenco pone alegría
en collados y barrancas.
Porque la base de nuestras rehalas es el podenco andaluz,
heredero de aquellos lebreles mediterráneos ya
fijados por los antiguos egipcios en los frisos de sus
mastabas.
Tras
la briega de la caza, la junta de la tarde. Al regreso
de la mancha, los monteros reponen fuerzas con una comida
en el campo en la que se cruzan las conversaciones,
se comentan los agarres, el comportamiento de perros
y perreros, cómo estuvo la orilla, los fallos,
los aciertos. Y, al caer la tarde, se va abandonando
la sierra dejando atrás un día más
para la nostalgia.
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| EL
RECECHO Y EL ALACEO DEL JABALÍ |
| Pero
no toda la actividad cinegética que se realiza
en Andalucía es montería. El rececho, un
tipo de caza mucho más íntimo y silencioso,
también tiene como escenarios naturales las sierras
andaluzas. En este caso son la cabra montés, el
muflón o el arruí, las piezas más
habituales y siempre se cobrarán siguiendo las
indicaciones de un guarda.
El
planteamiento es completamente distinto al de la montería.
Mientras en aquélla el cazador, el montero, permanece
a la espera en su postura, el rececho es una caza activa.
El cazador, armado de rifle, escopeta, ballesta o arco
-que también estas dos últimas modalidades
se practican en algunos lugares- recorre el monte en
busca de la presa. Va sin perro y son solamente su pericia,
su conocimiento del terreno y de los fenómenos
naturales y su entusiasmo los que harán posible
que, al final, consiga su objetivo.
El
premio, además de la pieza cobrada, es el espectáculo
del paisaje que se va abriendo ante el cazador a cada
paso y que, en ocasiones, puede hacer que se olvide
por un momento de que está cazando y se dedique
a la reposada y simple contemplación.
A
esas dos modalidades de caza mayor hay que sumar otra
exclusiva del folclore venatorio andaluz: el alanceo
del jabalí.
El
escenario no es ya la espesura de las sierras norteñas,
sino las inmensas llanuras marismeñas. El cazador,
armado ahora con largo venablo, monta a caballo y recorre
el terreno en busca de cochino, abundante también
en estos pagos. El lance, en el que la velocidad del
caballo obliga al jabalí a revolverse y plantar
cara, parece traer al presente escenas de otras épocas.
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| LA
CAZA MENOR |
| Además
de la caza mayor , Andalucía ofrece también
perfectos escenarios para la caza menor.
La
campiña sevillana, rica en liebres, es el terreno
en el que tiene lugar la competición entre la
velocidad de eselagomorfo, emparentado con el conejo,
y la del galgo, cuyas características físicas
y morfológicas han sido definidas a lo largo
de muchos años de selección por parte
de los criadores.
La
coreografía de este tipo de cacería es
realmente espectacular. Los galgos entraillados arrancan
a correr detrás de la liebre, que agacha sus
largas orejas en un intento de, no se sabe bien, cortar
mejor el viento o hacerse menos visible a los perros.
Tras
ellos, a cierta distancia, los cazadores, un nutrido
grupo de jinetes con los caballos perfectamente domados
y aparejados, observan el lance en el que no resuena
ningún disparo.
También la perdiz roja se caza en estas tierras,
Y se suele hacer de dos formas: al ojeo o con perro.
En
el primero de los casos domina la inmovilidad del cazador,
que debe permanecer en el puesto asignado y esperar
hasta que las perdices lleguen a él movidas por
los ojeadores. Éstos, vestidos de manera muy
visible y llamativa, van batiendo el monte con la intención
de levantar a las aves y conducirlas hacia las escopetas.
Con
el perro la situación es distinta. El cazador,
armado con su escopeta, recorre el terreno con la vista
pendiente de su perro. Éste será el que
le ponga la perdiz mediante una muestra, el que indique
al cazador dónde se encuentra agazapada el ave.
La
bella estampa del perro inmóvil, rígido
y a la espera de una orden oportuna del cazador, ha
sido plasmada por los pinceles en numerosas ocasiones.
El
cimbel o reclamo es otra de las técnicas empleadas
en este tipo de caza, lo mismo que en la de anátidas.
Las enormes bandadas de patos y gansos que se acercan
a las marismas y humedales andaluces constituyen las
piezas fundamentales de un tipo de cacería muy
apreciada y que, cada año, se cobra un buen número
de capturas.
Los
cazadores, protegidos del agua por unos recipientes
especiales y cubiertos con vegetación de manera
que no se les adivine, se rodean de unos cuantos cimbeles,
esto es, ejemplares neutralizados de las especies que
se pretende cazar. Su misión no es otra que la
de dar cierta sensación de seguridad a las aves
que sobrevuelan la zona y actuar como punto de atracción
para ellas.
Uno
tras otro,los bandos de gansos y patos se irán
acercando a la trampa, descendiendo hacia el agua, y
serán recibidos por los ardientes perdigones
salidos de las escopetas que aguardan agazapadas.
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| LA
CETRERÍA |
| Por
último, las llanas tierras del Guadalquivir permiten
la práctica de un tipo de caza antaño reservada
a los reyes y señores feudales. Se trata de la
cetrería, la caza con aves de presa.
Por
lo general es el halcón peregrino la especie
elegida, puesto que su bravura, su elegancia y su instinto
de captura de las presas son muy valorados por numerosos
cetreros.
El
perro también juega un destacado papel en esta
modalidad venatoria, pues el aliado del halcón
desde el suelo. Él será el que obligue
a la perdiz, al faisán o al pato a levantar el
vuelo que, observando al halcón sobre él,
nunca alzaría.
La
altanería, que así se llama esta técnica
cetrera, goza de reconocido prestigio y sobre ella se
llevan a cabo interesantes concursos y demostraciones.
También el bajo vuelo, otra técnica cetrera,
goza de amplia aceptación. En este caso es el
azor, y no el halcón, el ave de presa empleada.
Las presas, en consecuencia, también varían
y suelen ser mamíferos como el conejo o la liebre.
Prima
en este lance la velocidad, la sorpresa. Una veloz y
fulurante persecución por parte del azor cuyas
poderosas garras se encargan de inmovilizar a la presa
hasta que el cetrero, en este caso azorero, llega hasta
ella.
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