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CARLOS CORBACHO

"A los hijos de Pepe Cabrera les exhorto a que continuen con las misma afición y cariño emprendida por su padre hace ahora cincuenta años"

Recuerdo con nostalgia la primera vez que me vestí de luces Fue en La Línea, el 16 de octubre de 1960. También recuerdo que fue en el Museo como cariñosa mente le llamamos, por su cercanía a la plaza de toros y porque por aquellas hechas todavía no había ganado dinero suficiente para poderme vestir en el Hotel Uní-versal. Entonces, el Museo Taurino se llamaba El Burladero, denominación que ha cambiado, desde hace unos años por la de Museo Pepe Cabrera, actualmente gestionado por sus lujos con especial veneración y cariño y al que últimamente han hecho obras de mejoras, incorporándole una singular capilla y un busto de su fundador, obra del "escultor linense Nacho Falgueras.

 

A Pepe Cabrera, a don José Cabrera Duarte, le corría por sus venas un río de sangre taurina procedente de su madre. El apellido Duarte, ha dado origen a una dinastía en el toreo en la que sobresale con luz propia Antonio Duarte, banderillero que fue de Rafael "El Gallo", Niño de la Palma, Cagancho etc, el mejor del Campo de Gibraltar, mientras otro no demuestre lo contrario y al que los actuales propietarios del Museo tan dedicado una de sus salas.

Don José Cabrera se aficionó desde muy joven a los toros y pronto comenzó a reunir carteles, fotografías y lodo tipo de objetos laurinos con los que montó un Museo hace ahora cincuenta años. La afición de don José era tal que no pasaba por movimiento mal hecho; como muestra de ello, no me resisto a contarles la siguiente anécdota, que refleja el cariño y respeto que profesaba por este singular mundo del toro.

En el año 1957 toreó en la Feria de La Línea Joselito Huerta. Un espectador comenzó a meterse con él, a pesar de que no había estado mal en su primer toro, en el segundo, el torero mexicano le vio condiciones para hacerle una buena faena y. herido como estaba en su amor propio, cogió los trastos, y se dirigió al contestario espectador para brindárselo. Mientras efectuaba el brindis, el receptor del mismo permaneció sentado, don José, que se encontraba próximo a la localidad que ocupaba el susodicho espectador, no pudo aguantarse y se dirigió a él con estas palabras, más o menos: Señor, cuando una figura, del toreo brinda un toro, por educación al menos, debe uno ponerse de pié lo que obligó al sonrojado espectador a incorporarse de su asiento

Este era don José Cabrera, un aficionado de los pies a la cabeza, que pronto hará cinco años que nos abandonó. Allí, en la amplia y gloriosa plaza del cielo, seguro que estará contemplando el toreo eterno de Lagartijo, El Guerra, Joselito, Juan Belmonte, Manolete y el de los recientes incorporados Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez, seguro que continuará disfrutando del toreo en el otro mundo.


UNA TARDE INOLVIDABLE

A sus hijos, los actuales gestores del Museo Taurino Pepe Cabrera, les exhorto a que continúen, con la misma afición y cariño, la labor emprendida por su padre hace ahora cincuenta años, y si les es posible, la enriquezcan para la gloria de La Línea y de La Fiesta Nacional.

Poema escrito a raíz del percance fortuito que sufrió en Valencia el 18 de Marzo de 1963, apartandole, definitivamente de las plazas, un la época cumbre de su toreo.

ELEGÍA A LA AUSENCIA DE CARLOS CORBACHO

¡Ay, Carlos Carlos Corbacho,
torero de la entereza!
¡Qué negra mano cortó
el hilo de tu carrera!

Ya no suenan en tu honor
los timbales de la fiesta,
ni sonoros pasodobles
al aire de tu muleta.

Ya tu capote de grana
no dibuja gaoneras
ni abanica ya el testuz
noble de la bella fiera.

¡Ay, Carlos, Carlos Corbacho,
ya en el albero no rueda:
entre sol, sombras y palmas,
el brillo de tu montera!

De boca en boca tu nombre
v un huracán de tristezas
enmudece las gargantas
de las gentes de mi tierra.

¡Ay, Carlos, Carlos Corbacho,
torero de la majeza,
torero del pundonor
de los pies a la cabeza!
Todos los ruedos de España;
Sevilla, Madrid y Huelva,
Málaga, Ronda y La Línea
y Jerez lloran tu ausencia.

"A las cinco de la tarde",
como el canto del poeta,
la plaza se estremeció
al verse sola y desierta.

"A las cinco de la tarde ",
el pueblo llora tu ausencia,
y van lentos los erales
camino de las dehesas...

¡Ay, Carlos, Carlos Corbacho,
torero de la entereza!
¡Qué negra mano cortó
tu breve vida torera!

JOSE RIQUELME SANCHEZ

>>TOREROS>>