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CRITICAS AL FUNDADOR DEL MUSEO TAURINO

JUAN ANTONIO CADIZ

PERIODISTA DE "EL FARO"

He de reconocer que mi afición, mi vocación y mi amor al mundo de a los toros, nace en las cuatro paredes del Museo Taurino de Pepe Cabrera, hoy tiene algunas salas más, de La Línea de la Concepción, y me explico...

Corrían los años sesenta cuando mi padre, buen aficionado aunque poco entendido, me lleva, en plena feria fínense, a una novillada con picadores en la que tomaba parte él, por aquel entonces, revolucionario de la novillería, Sebastián Palomo Linares. Mi padre, amigo de Pablo Lozano, apoderado de Palomo, quería saludar a éste antes del festejo, por lo que nos trasladamos, de Algeciras a La línea de la Concepción en hora temprana y en el vetusto Seat 1.500 que poseíamos. El hotel Universal, parada, fonda y sede del taurinismo de la época, nuestra meta. Pasamos al bar americano del hotel, como se denominaba. Allí muchas caras conocidas y afamadas, aunque desconocidas para mí, del mundo del ¡oro. Mi padre buscaba con la mirada a alguno de los hermanos Lozano, que sabía se había desplazado con el torero que apoderaban, sin encontrar a su amigo Pablo. En eso que entra en el bar Reinaldo Vázquez, conocido cronista taurino del Diario Área, único periódico de la zona, en esos años, al que se le pregunta por la habitación del toreo linarense y nos desilusiona: -No están aquí, se han ido a un hotel que hay en la Plaza de la Inmaculada-Como la hora de la corrida se nos echaba encima nos fuimos, dando un paseo, calle Real arriba, a la plaza de toros. Los tendidos estén repletos. Hace mucho calor y aquello no me dice absolutamente nada, al contrario, me aburro pero callo. Los novilleros actuantes han estado bien, sobresaliendo y saliendo a hombros Sebastián Palomo Linares. Al salir de la plaza de toros, en la acera de enfrente del coso, mí mi padre me dice: -Aquí han puesto un museo taurino muy bonito, ¿quieres verlo?- Asiento con resignación y entramos en el Museo de Pepe Cabrera. Nada más traspasar el umbral de su puerta algo me sobrecoge. Miro, con detenimiento, las muchísimas fotografías de toreros que marcaron épocas. Un cartel de toros del año 1947, de La Línea de la Concepción, en el que se anunciaba Manolete, unos días antes de su trágica cogida y muerte en Linares, me llama poderosamente la atención y frente a él, mentalmente, vivo esa tarde de loros, con muchas preguntas sin respuestas revoloteando mi cabeza: ¿qué tiene esto que me embruja?

La vuelta a cala la hago en silencio. Mi padre me habla de la Corrida de la tarde pero no lo escucho. Mi mente aún está en el Museo de Pepe Cabrera. Duermo mal, esa noche, y el gusanillo de lo desconocido aporrea interrogantes que tiene respuestas hipotéticas en un museo que hay en La Línea de la Concepción. Al día siguiente subo a un autobús de línea regular y me voy a buscar interrogantes del qué me pasa, ¿por qué estoy inquieto?

El museo estaba terrado. Han pasada los años y, para mí., el Museo de Pepe Cabrera, sigue siendo el oasis en joya de la tauromaquia viva que reverdece mis ilusiones a un arte que tiene respuestas en el Museo de Pepe Cabrera, patrimonio de una ciudad que siente orgulloso de poseer una de ¡as reliquias más apreciadas de la tauromaquia: su historia.

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