PERIODISTA
DE "EL FARO"
He
de reconocer que mi afición, mi vocación
y mi amor al mundo de a los toros, nace en las cuatro
paredes del Museo Taurino de Pepe Cabrera, hoy tiene
algunas salas más, de La Línea de
la Concepción, y me explico...
Corrían
los años sesenta cuando mi padre, buen aficionado
aunque poco entendido, me lleva, en plena feria
fínense, a una novillada con picadores en
la que tomaba parte él, por aquel entonces,
revolucionario de la novillería, Sebastián
Palomo Linares. Mi padre, amigo de Pablo Lozano,
apoderado de Palomo, quería saludar a éste
antes del festejo, por lo que nos trasladamos, de
Algeciras a La línea de la Concepción
en hora temprana y en el vetusto Seat 1.500 que
poseíamos. El hotel Universal, parada, fonda
y sede del taurinismo de la época, nuestra
meta. Pasamos al bar americano del hotel, como se
denominaba. Allí muchas caras conocidas y
afamadas, aunque desconocidas para mí, del
mundo del ¡oro. Mi padre buscaba con la mirada
a alguno de los hermanos Lozano, que sabía
se había desplazado con el torero que apoderaban,
sin encontrar a su amigo Pablo. En eso que entra
en el bar Reinaldo Vázquez, conocido cronista
taurino del Diario Área, único periódico
de la zona, en esos años, al que se le pregunta
por la habitación del toreo linarense y nos
desilusiona: -No están aquí, se han
ido a un hotel que hay en la Plaza de la Inmaculada-Como
la hora de la corrida se nos echaba encima nos fuimos,
dando un paseo, calle Real arriba, a la plaza de
toros. Los tendidos estén repletos. Hace
mucho calor y aquello no me dice absolutamente nada,
al contrario, me aburro pero callo. Los novilleros
actuantes han estado bien, sobresaliendo y saliendo
a hombros Sebastián Palomo Linares. Al salir
de la plaza de toros, en la acera de enfrente del
coso, mí mi padre me dice: -Aquí han
puesto un museo taurino muy bonito, ¿quieres
verlo?- Asiento con resignación y entramos
en el Museo de Pepe Cabrera. Nada más traspasar
el umbral de su puerta algo me sobrecoge. Miro,
con detenimiento, las muchísimas fotografías
de toreros que marcaron épocas. Un cartel
de toros del año 1947, de La Línea
de la Concepción, en el que se anunciaba
Manolete, unos días antes de su trágica
cogida y muerte en Linares, me llama poderosamente
la atención y frente a él, mentalmente,
vivo esa tarde de loros, con muchas preguntas sin
respuestas revoloteando mi cabeza: ¿qué
tiene esto que me embruja?
La
vuelta a cala la hago en silencio. Mi padre me habla
de la Corrida de la tarde pero no lo escucho. Mi
mente aún está en el Museo de Pepe
Cabrera. Duermo mal, esa noche, y el gusanillo de
lo desconocido aporrea interrogantes que tiene respuestas
hipotéticas en un museo que hay en La Línea
de la Concepción. Al día siguiente
subo a un autobús de línea regular
y me voy a buscar interrogantes del qué me
pasa, ¿por qué estoy inquieto?
El
museo estaba terrado. Han pasada los años
y, para mí., el Museo de Pepe Cabrera, sigue
siendo el oasis en joya de la tauromaquia viva que
reverdece mis ilusiones a un arte que tiene respuestas
en el Museo de Pepe Cabrera, patrimonio de una ciudad
que siente orgulloso de poseer una de ¡as
reliquias más apreciadas de la tauromaquia:
su historia.
>>CRÍTICAS>>