Sobre
el perfil del cercano continente africano se superpone en el
paisaje urbano de Tarifa la estampa del llamado Castillo de
Guzmán el Bueno. Edificado en el año 960 d.C.
por orden del califa Abderramán III, se levantó
sobre las ruinas de un posible campamento militar romano, en
un lugar estratégico para el control de la ruta de comunicación
entre Africa y Europa, en el punto más angosto del Estrecho
de Gibraltar.
De planta se percibe un cuadrilátero irregular, que responde
en sus planteamientos arquitectónicos a conceptos y diseños
romanos transmitidos por las arquitecturas militares bizantina
y siriana. El núcleo central es la parte más antigua.
En ella las torres se sitúan a distancia intermedias
en los frentes Sur, Oeste y Norte.
Estos últimos dos frentes se encuentran aún almenadas,
mientras que en el frente sur no se conservan, pues las murallas
fueron adaptadas en el siglo XVIII para la instalación
de piezas de artillería.
El
castillo ha conocido muchos moradores; musulmanes y cristianos,
y ha resistido varios asedios de gran dureza, basta citar
la gesta de Guzmán el Bueno en 1295, quien observó
desde el castillo la muerte de su propio hijo por no haber
entregado la ciudad a los musulmanes.
El
último de los asedios padecidos por la ciudad y por
el castillo sucedió en 1812 cuando las tropas de Napoleón
Bonaparte sitiaron Tarifa, no consiguiendo entrar en ella
por la tenaz resistencia de sus habitantes.
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