Con el
dinero que ha ganado de su primera exposición en Madrid, el
matrimonio Cruz Herrera decide su proyectado viaje a Sudamérica.
Se marchan a La Línea a pasar unas semanas con sus familiares,
antes de embarcar, desde Cádiz, en el trasatlántico
"Reina Victoria". La Línea recibe con júbilo
la visita del pintor. Se le ofrece un gran banquete de homenaje, donde
asisten más de quinientas personas. Cruz Herrera coloca la
primera piedra del Hospital Municipal, entre los aplausos de las autoridades
y un enorme gentío.
En la
Plaza de Toros se le agasaja con un vino de honor, lográndose
que el coso se llene casi por completo. A continuación, el
ganadero Ramón Gallardo suelta dos becerros, uno lo torea él
y el otro se lo deja para que lo toree el pintor.
Un largo
viaje le aguarda; sin embargo el matrimonio va ilusionado hacia aquellas
desconocidas tierras, llevándose en sus corazones los recuerdos
y las nostalgias de España.
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LLEGADA
A BUENOS AIRES
El nombre
de Cruz Herrera es ya conocido en algunos países hispanos.
Su pintura tiene una apreciable valoración, gracias a los hermanos
Bou, marchantes de cuadros, que compran directamente en España
obras de Sorolla, Romero de Torres, López Mezquita, Benedicto
y otros maestros de la pintura, con las cuales, posteriormente, montan
exposiciones en Hispanoamérica, vendiendo los cuadros a precios
elevados.
Después
de unos veinticinco días de travesía, con las escalas
normales de la época, el matrimonio Cruz Herrera desembarca
en Buenos Aires. Nada más llegar, prepara en el Salón
Whicon una exposición con las obras que lleva consigo. "Allí
asusta a los rioplatenses -escribirá su paisano José
Tabera- con sus algarabías coloristas, y donde sus grandes
éxitos llenan toda la prensa". El artista vende todos
sus cuadros y bien pronto tiene que ponerse ante el caballete con
el fin de atender los innumerables encargos que recibe: lienzos para
decorar salones, palacios y, sobre todo, retratos de personalidades
conocidas.
También
durante su estancia en la capital bonaerense expondrá en el
Centro Andaluz, que, posteriormente, le ofrece un banquete y numerosos
emigrantes andaluces se reúnen en torno al homenajeado. Después
la revista que edita el Centro Andaluz dedicará amplia información
del acto.
Tras un
año de residencia en la Argentina, marcha a Montevideo, donde
pinta dos retratos del Presidente de la República, el doctor
Baltasar Brum, uno para su residencia particular, y otro para el Museo
Nacional. Pronto al estudio del joven maestro acude la aristocracia
de la capital uruguaya.
Han pasado
dos años. El pintor, aparte del triunfo y la fama, ha ganado
el dinero suficiente para que, de momento, no le inquiete el futuro.
Esto significa que podrá dedicarse reposadamente a la creación
de grandes obras. El matrimonio Cruz Herrera regresa a España
en el barco 'Infanta Isabel", Su familia acude a esperarle al
puerto de Cádiz. Un cielo intensamente azul daba la bienvenida
a los embarcados.