INTRODUCCIÓN
"Desde
la terraza de mi casa contemplaba las montañas azules de
África como algo misterioso que me atraía y adivinaba
los miles de asuntos maravillosos que aquellas tierras descubrirían
ante mis ojos, que anhelaban mirar y estudiar de cerca".
Efectivamente, el pintor línense no se conforma, por más
tiempo, en seguir divisando, en los días claros y despejados,
las tierras africanas desde el Campo de Gibraltar.
Decide, por fin, "mirar y estudiar de cerca" el ambiente
que pervive al otro lado del Estrecho. Realiza un viaje a Casablanca
"con la idea de permanecer allí unas semanas hasta que
se acabaran las pesetas de la Medalla"; sin embargo aquella
inicial escapada, casi turística, va a tener posteriormente
unas consecuencias transcendentales en la vida del pintor: su alma
de artista andaluz queda, desde el primer instante, prendida y subyugada
ya para siempre por el embrujo y el colorido exótico de aquella
raza que, al verla, le recordarán, en parte, las gentes de
las tierras del Sur. Le atrajo, confesaría más tarde,
"el tema humano con la luz aquella. Parece que barniza, que
da a todo lo que envuelve una jugosidad extraordinaria".
El crítico don José Francés afirmará
después que "en efecto, va a Marruecos, y Marruecos
lo retiene, lo embruja en un hechizo perdurable y fecundo. No sólo
en la zona española, sino que marcha también al Marrueco
francés, mas decorativo que el español tal vez, más
rico y brillante en su indumento, más espectacular en sus
festejos populares y tradicionales."
PRIMER
VIAJE A MARRUECOS >>
|