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ABRE ESTUDIO EN CASABLANCA

Cruz Herrera regresa embriagado de cuanto ha visto al otro lado del Estrecho. También, esa es la verdad, queda prendido para siempre, hasta su muerte, en la telaraña multicolorista del universo marroquí. La suerte estaba echada y la decisión es inapelable: se lleva a su mujer y a sus dos hijos, y se instala temporalmente en Casablanca. "No puede extrañarnos -dirá el crítico Antonio Cobos- que artistas afamados hayan plantado sus tiendas en aquellas tierras. Es lógico que el españolísimo Cruz Herrera se rinda a la sugestión de Casablanca".

El pintor linense está entusiasmado llevando a sus lienzos judíos de luengas barbas, bereberes del desierto, moras de ojos negrísimos, bailarinas semidesnudas, músicos ciegos que tocan por las esquinas, zocos abigarrados, telas policromas, instrumentos árabes, fiestas de moros adinerados, retratos de la aristocracia, etc.


FACHADA CASA-ESTUDIO DEL PINTOR

"El artista -dice Cruz Herrera- tiene que hablar con los pinceles". La verdad es que su paleta ha quedado hechiza para siempre, llevando a sus cuadros el espíritu de una raza. "Cruz Herrera, sin proponérselo acaso, es el creador también de la pintura de este género en la nueva pintura española. Cuando Marruecos está para tantos pintores nuestros a distancias fantásticas para su arte, Cruz Herrera no pierde oportunidad de enviar a España cuadros con escenas y personajes marroquíes que pronto se destacan como singulares en nuestro ambiente artístico", afirma el crítico Cecilio Barberán.

Cruz Herrera sintió pronto y hondamente la llamada fulgurante de las tierras del Magred, y aparte de sus salidas intermitentes a países extranjeros, puede afirmarse, sin discusión alguna, que repartió su vida artística entre Marruecos y España.


INTERIOR ESTUDIO DEL PINTOR

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