Durante unas Navidades,
el niño Cruz Herrera cae enfermo. Con motivo de las fiestas
de los Reyes Magos, los padres le regalan una caja de pinturas.
Aquel obsequio va a significar la consecución de un sueño
acariciado. Inmediatamente empieza efectuar copias de las grandes
obras de la pintura clásica: Velázquez, Murillo,
Goya. etc. Su paleta comienza, sin apenas darse cuenta, a enriquecerse
a la sombra de tan importantes maestros. "Y esto porque Cruz
Herrera fue, desde niño-afirma Manuel Vives- un aprendiz
inquieto y estudioso incansable en cuanto a perfeccionar el arte
que lo subyugaba".
Hoy, algunos de aquellos primeros cuadros
infantiles, se encuentran colgados en el museo Municipal de Pintura
de la Línea que lleva el nombre del pintor.