LOGRA
LA PRIMERA MEDELLA NACIONAL
La obtención de esa
Segunda Medalla sirvió de acicate y estimulo al pintor,
el cual retorna a principios de cada verano a las tierras riojanas,
donde tiene improvisado su estudio. Durante el estío se
paraliza la vida artística madrileña. Su pincel
trabaja ahora con más soltura, con más experiencia,
con más calma, buscando una perfecta compenetración
entre las figuras, el paisaje y la riqueza de su colorido. Plasmar
la vida campestre, quizás fuese una búsqueda -de
moda entonces en algunos artistas- de llevar al lienzo las costumbres
tradicionales de los pueblos y aldeas. Aquello que se denominó
"alta cultura regionalista".
Por otra parte, hay que
tener en cuenta, como alguien ha dicho, que "las obras de
arte que no pueden concebirse nunca sin tener en cuenta la época
en que se producen y la cultura que reflejan". Así
lo entendió Cruz Herrera, que encontró, por aquellos
años, un venero para la consecución de sus obras
en las costumbres y en la existencia cotidiana de Aguilar del
Río Alhama, permitiéndole, además, algunos
desplazamientos a rincones de las provincias gallegas que tuviesen
más interés humano y pictórico.
Otra Exposición Nacional
se acerca con la primavera de 1926. El maestro no ignora que resulta
muy difícil, casi imposible el conseguir dos Medallas consecutivas.
Ciertamente que son numerosísimos los pintores que concursan,
y cientos los cuadros que se presentan para competir; sin embargo
él tiene fe en su obra y unos deseos enormes de participar.
El dinero, quizás, es lo de menos, porque, como muy bien
señala Lafuente Ferrari, "las Exposiciones de estos
últimos tiempos han demostrado plenamente que en las medallas
los artistas buscan el honor y no la remuneración económica".
El día 19 de mayo
de 1926, con la asistencia de la familia real y autoridades, se
abre al público un nuevo Certamen en los Palacios del Retiro.
Se exponen 986 obras, 547 de pintura. Concurren nombres tan conocidos
como Eugenio Hermoso, Santiago Rusiñol, Joaquín
Mir, Marceliano Santa María, Cecilio Plá, Gutiérrez
Solana, Núñez Losada, Alfonso Grosso, Vázquez
Díaz, Prieto Santos, Soria Aedo, Agustín Segura,
etc. El jurado acordó conceder las Primeras Medallas a
José Bermejo por "El Cafetín", Aurelio
García Lesme por "Campos de Saratán",
y a José Cruz Herrera por '"La ofrenda de la cosecha'"
Según Bernardino de Pantorba en "La ofrenda de la
cosecha" (tal vez el mejor cuadro que ha hecho Cruz Herrera)
no escasean los trazos pictóricos jugosos y diestros, con
alardes felices de pompas cromáticas" Este gran lienzo
de costumbres está compuesto de diez figuras en primer
plano y, tenuemente se perciben, al fondo, otros dos rostros.
Escribe Cecilio Barberán que "en 'La ofrenda de la
cosecha' introduce innovaciones que alejan de la escena el realismo
total que vimos en tantos de sus cuadros; en este lienzo aparece
el gran colorista que desde primera hora pugnó por destacar
en Cruz Herrera, si bien esta riqueza cromática estuvo
hasta ahora disciplinada un tanto por el precepto academicista".
"La ofrenda de la cosecha", continúa C. Barberán,
nos impresiona en su conjunto como una gran escena pánica
en donde los colores vivos, radiantes, se destacan sobre un fondo
un tanto lúgubre, pero muy rico para toda sugerencia, que
guarda analogía también con cierto tenebrismo de
muchos cuadros de nuestra mejor pintura. Y es que Cruz Herrera
ha acertado en este cuadro a soltarse por completo de toda ligadura
extraña, y eso le facilita el crear a sus personajes un
mundo tal y como su fantasía lo concibe"
Según una nota aparecida al pie de la fotografía
del cuadro en "El Imparcíal" - 21 de mayo de
1926 - , esta obra de Cruz Herrera "patentiza el empeño
por superarse".
CUADRO GALARDONADO CON LA
PRIMERA MEDALLA

(Click para ampliar)
EXPOSICIONES
NACIONALES >>