ETAPA
DE SU VIDA EN PARÍS
Las continuas exposiciones de Cruz Herrera
en el norte de Marruecos, principalmente en Casablanca donde tenía
abierto estudio gran parte del año, lograron una abundante clientela
francesa entre los altos cargos de la política, la cultura, la
finanza y la milicia. A invitación de algunas de estas personalidades,
el pintor se traslada a París para exponer sus obras, acompañándole
el éxito desde el primer instante. Estamos en 1929 cuando decide
instalarse en la capital del Sena, que ha sido siempre, nadie lo duda,
como una especie de imán para cuantos artistas en el mundo han
sido.
París va a servirle
también a Cruz Herrera como punto de partida para conocer y exponer
en otras ciudades europeas. En la Ciudad Luz conoce al malagueño
Pablo Picasso, a José María Sert y al japonés Fugita;
pero, sobre todo, estrecha su amistad, principalmente, con otros artistas
españoles de su generación, produciéndose en 1934,
el gozoso reencuentro con su paisano, el compositor José Muñoz
Molleda que va camino de Italia, pensionado tras haber obtenido, por
oposición, el "Gran Premio de Roma".
"Cuando yo estuve en
París -recordará el maestro- había allí
treinta y cintos mil pintores. ¡Todos vivíamos!".
Ciertamente que ni el mundo abigarrado, colorista y bohemio de los barrios
de Montmartre y Montparnasse ni la fama de los grandes "divos"
de la pintura internacional amilanan al artista linense. Cuando él
traspasa los Pirineos porta ya en sus alforjas los mieles de los premios
obtenidos en España. No es, por supuesto, un principiante ni
su pincelada es dudosa para dejarse influir por las corrientes de los
"ísmos". Señala Cecilio Barberán que
"Cruz Herrera pudiéramos decir que se mantiene ajeno por
completo a estas fuertes y nuevas corrientes de la pintura exterior.
Su andalucismo, con raíces tan lejanas y profundas, es más
fuerte en él que toda novedad artística ajena, por muy
brillante y cautivadora que se presente a los ojos de una juventud como
la suya"
José Cruz Herrera,
después de sus vivencias en la capital del Sena, no vuelve con
las manos vacías. Se le concede la Medalla de Oro de las Artes,
las Ciencias y las Letras de París. Por otra parte, es nombrado
Socio de Honor del Salón de París por su cuadro "El
mercado de Azemour.
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