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EL PINTOR ANTE LA CRITICA

JOSÉ PRADOS LÓPEZ

"Cuando Cruz Herrera ganaba su Primera Medalla de Oro en la Exposición Nacional de 1926, se dio cuenta de que ponía la primera piedra de su propio y máximo prestigio. Su destino estaba escrito en aquella recompensa con la seguridad de lo absoluto y, desde entonces a acá, José Cruz Herrera no ha hecho. sino ir ajustando, piedra a piedra, el sólido monumento de su gloria.
Veinticinco años de lucha, de entusiasmo gigante, de esfuerzo sin desmayos ni fatigas, recorriendo España, recorriendo América, cosechando el éxito con la misma sinceridad y espontaneidad de su propia sonrisa, Cruz Herrera ha sido uno de esos embajadores que España tiene a su servicio, gratuitamente, para vocear y exaltar su grandeza.

José Cruz Herrera ha ido evolucionando en esta escala ascendente de su pintura, rectificándose en el color, en la línea y el concepto, conjugando en su paleta la cantidad de alma y corazón que son precisos para colaborar con la materia, y de este modo, de las entrañas de este gran temperamento, de lo más hondo de su espíritu enfervorizado, y siempre en trance de elevación, ha surgido este pintor que es Cruz Herrera, en estos momentos de su cumbre luminosa, dominando desde la altura la mediocridad y la impotencia que le rodea.

Cruz Herrera plantó su tienda en Casablanca, acaso como una necesidad y como un símbolo de su propia vida de pintor. Quizá necesitaba el temario magnífico de los ojos árabes, de la luz cegadora que hace entornar los ojos para soñar o pensar, o el misterio atrayente de lo desconocido. De todas suertes, Cruz Herrera ha sabido recoger en Casablanca toda la belleza silenciosa y enigmática de la mujer mora, desentrañando de su quietismo toda la espiritualidad contenida que vibra en el fondo de esos pechos femeninos.

Y es que en la pintura de este gran pintor español hay una cantidad tal de matices espirituales que casi se confunden con la excelsitud. En los cuadros de Cruz Herrera, descontada su técnica llena de gracia, de alegría, de gritos de júbilo, de entusiasmo de vida, haya demás una de las cosas, más importante que la obra de arte, cuando es verdadera, debe tener, y esto es su entonación. Hay muy pocos artistas que entonen sus obras como Cruz Herrera, que parece cuando pinta un director de orquesta, logrando con sus pinceles la armonía, la divina armonía, que nadie conoce, sino unos pocos elegidos. Porque la entonación es la verdad, la expresión de lo que fuera pasando por el corazón, para decir algo importante. En los cuadros de Cruz Herrera se advierte con sorpresa que hay el mismo gran concierto universal del firmamento, pleno de entonación solemne y majestuosa. Este mismo concierto es el que existe en los cuadros de este ilustre línense que está produciendo belleza, con la misma fluidez que derrama sobre los hombres a diario la luz del sol. Pasa con estos cuadros de Cruz Herrera, lo que ocurre en una gota de agua transparente que copia el campo que está enfrente de su pureza, con su noria y su borriquillo ciego dando vueltas y las nubes que vuelan por lo alto. Todo un infinito encerrado en una gota de agua, a disposición del poeta que quiera emocionarse. En estos cuadros de Cruz Herrera está también todo el infinito de una verdad entonada que está cantando de gozo supremo por la alegría de crear. Cruz Herrera va victorioso por la vida, seguro de su destino de pintor, que alcanza la posteridad, cantando y soñando, y con su clásico señorío de hombre que nació, con un privilegio santo, en La Línea de la Concepción".

"La Voz del Sur", 8 abril de 1951

La pintura de Cruz Herrera es España, es la alegría de España, su nobleza, su honradez, su luminosidad, su verdad, su hombría. No pueden ser embajadores de España en el extranjero los pintores cerebrales del absurdo, de la oscuridad, del disparate, del oportunismo de la esclavitud a la mentira y a la impotencia, harto sospechosas, del arte de vanguardia de más allá de las fronteras. España es el país de la pintura divina que arranca del siglo XVII y llega hasta Cruz Herrera, por eslabones maestros que nadie puede desatar, a pesar de los esfuerzos de pintores sin personalidad y sin alegría, sin gracia y sin talento. Somos libres, estamos atados a una tradición gloriosa, somos cancerberos del mejor arte del mundo, de una gloria artística que nadie puede discutir y, por ello, estamos obligados a levantar el velo que oculta tanta pobredumbre, tanta miseria, tanta mentira, como está al otro lado de ese otro telón de acero de la cosa artística, que se empeña en ocultar su ignorancia y su mal gusto, por medio de, esos falsos apóstoles del arte, que especulan y se encumbran a costa del dolor y de las tragedias anteriores de los artistas.

Cruz Herrera es el pintor que tiene siempre el corazón en sus pinceles cuando crea; el pintor que piensa en España cuando pinta: el artista que canta con colores nuestra grandeza. España debe más a Cruz Herrera con sus cuadros magníficos, paseados por todos los rincones de la tierra, que a todos los discursos patrióticos que se pronuncien. Cruz Herrera, el auténtico maestro Cruz Herrera, mientras forja su fama está forjando con oro de ley las seis letras grandiosas de nuestro nombre, para que las respeten con amor y las acepten sin reservas.

("Radio España" de Madrid, 10 de juliode 1950)

Los cuadros de Cruz Herrera que, por sí solos ya Justifican esta Primera Exposición de Pintores de África, con su fuerza tremenda de arte, con perfil exacto de la raza, con su realismo anecdótico embellecido por una visión de poeta, como la que Cruz Herrera imprime siempre a toda su obra. Cruz Herrera ha logrado con estas obras decir, con alegría inigualable, el secreto y el misterio de aquellos hermanos nuestros, tan pariguales en sentimientos y costumbres, expresión espiritual de una selección de seres, capaces de toda ensoñación y de toda exquisitez de espíritu. Cruz Herrera logra con esta obra arrancar el aplauso general de tirios y troyanos, porque en el fondo de ella vibra el alma de un maestro, de una sensibilidad en carne viva para decir la altura de una alegría y de un dominio y de una belleza que es pesadilla de mediocres y rezagados en el campo de nuestra pintura.

"Arte Español". Torno II. Madrid. 1951

De nuevo está en Madrid este gran maestro de la pintura española, con ese conjunto maravilloso de sus cuadros, que representan siempre el interés y la importancia de toda temporada artística.

Coincide Cruz Herrera con su exposición y con las exhibiciones desgraciadas de otros pintores vanguardistas que enseñan al público el gusto de una inconsciencia, de una limitación y de una ignorancia que hace pensar muy seriamente en el rumbo de locura que lleva un sector de la generación actual, atenta más a la vanidad del momento que a la emoción sincera del artista. Por eso ha sido afortunada esta exposición que comentamos, que viene, como siempre, por los fueros de la gran belleza española, llena de vida, de gracia, de inteligencia y de... seriedad artística, que es lo que falta precisamente en esas exhibiciones que andan por ahí; con el sello del mal gusto, de la ordinariez y de la impotencia, envenenando a jóvenes incipientes en el arte y embaucando a un público falto de preparación, pero que se da de avisado.

Buen favor hace esta exposición de Cruz Herrera a todos esos engendros lamentables que hay colgados en otras salas sin un destello de inteligencia o de capacidad. Estos cuadros de la Sala Cano están vibrando y haciendo vibrar a todos de auténtica emoción, iluminando el ambiente de luz y de alegría, dando normas pedagógicas técnicas seguras, basadas en experiencias y fruto de una capacidad de corazón que no pueden comprender los de la acera de enfrente.
Cruz Herrera se nos presenta esta vez más sólido, más seguro de su paleta, más rico, más enjudioso de color, matizando las almas con un nuevo sentido, descubriendo espíritus y perfiles morales que aupan hasta muy alto el nombre de este pintor que está honrando a España mundialmente con las pruebas de su talento y de su corazón...

"Arte Español". Tomo III. Madrid,1953

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