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EL PINTOR ANTE LA CRITICA

F. SERRANO ANGUITA

"Tiene razón Mariano Tomás cuando dice que los cuadros que José Cruz Herrera exhibe en el salón Cano son de tal belleza, que su luz se nos entra por los ojos y nos invade una oleada de color y de gracia. Son, en efecto, la luz y la gracia de España las características de este pintor excepcional, que cada dos años viene a Madrid con sus obras y nos ofrece estos lienzos maravillosos, para nuestro recreo y nuestro asombro.

Sigue Cruz Herrera la línea tradicional de un arte que tiene por maestro y precursor a Velázquez y llega hasta nuestra época, mantenido por el fervor de Zuloaga y de Julio Romero, de Benedito y de Eugenio Hermoso, de Pinazo y de Sotomayor, de López Mezquita y de Morcillo. Trae a las telas la espuma de dos mares, los grises" adustos del Peñón, el cielo azul de África, el verdor ceniciento de las piteras y el tierno y jugoso del trigo y del maíz; los ocres de la vidriada cerámica moruna, el espejear de los cobres, el grana de un fez junto al blanco de los alquiceles; el pálido malva de los velos femeninos y el pardo sucio de las chilabas, y esos labios carnosos y húmedos, esas pupilas entre despiertas y adormecidas, esas carnes de canela y esas femeninas morbideces que tienen como palpitaciones de carne viva y pujante.

Siendo tan español, Pepe Cruz es árabe en la indolencia, en el señorío, en la sensualidad de su pintura y en el regodeo voluptuoso con que se entrega a saborear el cante grande, los versos hondos y el vinito bueno. Es un andaluz que ha recorrido Europa y se ha refugiado en la Morería, porque allí ha encontrado esencias y raíces de la Patria.

Estas escenas populares marcan un nuevo estilo, un matiz distinto en la pintura de Cruz Herrera. También le atrae el paisaje, con esos contrastes de rudeza y blandura que brindan los panoramas rondeños, y ha querido huir de la repetición de los tipos de mujer buscando la risueña y bulliciosa delicia de "La rubia de la bandeja", que es acaso lo más hermoso de la magnífica exposición.
Aquí está, en suma, la personalidad de un pintor que, por encima de todo, rinde culto a la belleza. Quizás sea uno un atrasado y un ignorante, porque prefiere que en toda obra de arte sobresalga lo bello, lo que sirve de regalo a los sentidos. Parece que ahora son otras las tendencias, y que es lo feo, lo monstruoso, lo deforme, lo que se debe exaltar y preferir. No discutamos sobre gustos, y quédense en paz los que votan por el tiznajo y el chafarrinón. A mi me basta con que, de vez en cuando, un sobrio y recoleto salón de exposiciones se engalane y resplandezca con la gracia castiza y la luz española de Pepe Cruz Herrera".

"Madrid", febrero 1.951

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