| ENRIQUE
VAQUER
"En el retrato, es Cruz Herrera
un perfecto definidor de ese alto misterioso, que no es
precisamente el "parecido físico'', o sea, el
calco exacto de la línea y el color, sino ese otro
parecido íntimo, que no todos los artistas saben
ir a encontrar debajo de la envoltura corpórea.
En esta pintura magistral se aparta Cruz Herrera de su tendencia
preferida: la alegría y el sensualismo colorista.
Entre los retratos sobresale el de un señor anciano,
que puede compararse con las mejores pinturas de este género
de todos los tiempos, y el de la esposa de éste,
magnífico de expresión y calidades.
Estas son desdeñadas por muchos pintores, escultores
y grabadores, a pesar de su enorme importancia. El pincel
puede esmaltar, velar, fundir, poner relieves de pasta;
el cincel puede dar al duro mármol blanduras aterciopeladas
y broncas asperezas; el buril, con su talla brillante en
el metal, dará reflejos de sedas, delicadas carnes
femeninas y diafanidades de ambiente.
Cada cosa debe tratarse a su manera; esto es la calidad,
que no conducirá jamás al amaneramiento cuando
se siente y domina por un artista como Cruz Herrera".
"La Época".
febrero 1921
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