| E.
TODA OLIVA
"Las
figuras de Cruz Herrera cautivan demasiado para que la crítica
profundice con escalpelo. Gozan tanto los sentidos contemplándolas,
que el espíritu se desvanece, dejándose mecer
por las musicalidades y perfumes exóticos, a merced
de una nueva lámpara de Aladino. Son adolescentes
de tez cobriza o aceitunada, sangre a flor de piel, risa
como gumía de plata rasgando silencios -"Músicos
árabes" - , o mujeres palpitantes de velados
desvelos -"Fiesta mora" - , o simplemente un brazo
mórbido, una mano trayendo, una mirada ensillando
corceles del deseo... Y, siempre exaltación de vida,
triunfo del colorismo.ç
La técnica de Cruz Herrera se reviste de policromías,
derrochándose en sedas y brocados, brillantes joyas,
frutas sensuales, con una asombrosa facilidad. El pincel
es amplio, suelta la trabazón, efectista el toque.
Pero, en ocasiones, agudizándose, descorteza la piel
y hace surgir la esencia diferencial de una raza tras unas
pupilas -Cruz Herrera o el mago de los ojos - , o entre
unas barbas proféticas, como en sus magistrales "Judíos",
donde la mayor sobriedad de paleta y la penetración
étnica se complementan para darnos una de sus producciones
más logradas.
Músicos, esclavos, judíos, todos los tipos
de Cruz Herrera -Primera Medalla de la Exposición
por su "Esclavo moro'' - hacen que al abandonar la
contemplación de sus obras nos parezca salir, más
que de un mundo africano, de un fantástico apólogo
oriental, con las retinas enchidas de pedrerías y
de gracia".
"Cuadernos
de Estudios Africanos" (Madrid-Primer trimestre de
1950)
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