| ÁNGEL
VEGUE
'Además de elegir modelos atractivos,
hay que ver cómo los pinta, con qué complacencia
hace las cabezas, envolviendo el color, acariciándolo
amorosamente para lograr el mismo efecto que el natural
produce.
Por sus asuntos y por el modo de desarrollarlos hemos de
pensar que el Sr. Cruz Herrera, buen pintor, y en muchos
momentos sobresaliente pintor, es un espíritu sano
y sin doblez, y que, como José Pinazo Martínez
y como Eugenio Hermoso, busca la flor bella y sin espinas
-la mujer o el niño- a los fines nobles de su arte.
Rico en las coloraciones y suave en
el lenguaje de las formas, evita cuanto contribuya a restar
carácter o a enturbiar la limpia visión de
sus ojos frente a cualquier espectáculo de los que
a su consideración se ofrecen. Sencillo y humano,
es su misión obra de amor. Y Madrid y Andalucía
le brindan hermosuras de carne, sazonadas hermosuras que
diríanse libres de pecado y de maldad, porque los
pinceles fueron guiados, al trasladarlas, por un deseo casto
de retener lo más expresivo de su amable esencia".
"El Imparcial", febrero
1921
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