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Tenemos que aclarar
que, en estas fechas y a pesar de su juventud, la firma
de Cruz Herrera es bien conocida en los medios artísticos
madrileños por haber tomado parte en las Exposiciones
Nacionales de 1912, 1915 -donde obtuvo una Tercera Medalla-,
1917 y 1920. Además, en 1914, el Círculo de
Bellas Artes de Madrid le había concedido, por oposición,
una pensión para ampliar estudios en Roma y París.
En los primeros
días del mes de Febrero de 1921, Cruz Herrera cuelga
cuarenta lienzos en el salón del Círculo de
Bellas Artes de la calle de Alcalá. Cuarenta lienzos
en un rico muestrario más que suficiente para juzgar
y valorar la calidad y el dominio de sus pinceles, la riqueza
de su colorido, su técnica depurada y su predilección
por las figuras.
Son metas trazadas que empiezan a despuntar en su paleta,
y que irán afianzándose en el transcurso de
los años. Decía Andrés Bretón
que, "una obra de arte sólo tiene valor si en
ella vibra el futuro". En el quehacer artístico
de Cruz Herrera se presiente un porvenir venturoso.