AÑOS
DE ESTUDIO Y ESTANCIA EN MADRID
Sevilla se ha quedado pequeña
para las aspiraciones del joven pintor. Sus sueños y sus objetivos
son ahora la capital de España. Quizás por mediación
de alguna amistad -sin pensarlo demasiado-, le escribe una carta a
don Fernando de Villar, director del Fénix Agrícola
en Madrid, comunicándole "que deseo estudiar pintura,
pero que no dispongo de medios económicos, y solicito de usted
un empleo". La carta cae bien y la petición es aceptada.
Cruz Herrera prepara sus maletas
y toma el tren para Madrid. La casa de sus padres vuelve otra vez
a quedarse triste con la ida del hijo mayor. Entra en las oficinas
del Fénix Agrícola ganando dos pesetas diarias, con
las que se paga la pensión completa en casa de un guardia municipal
en la calle Valverde. En las horas libres pinta sin descanso, y al
poco tiempo le puede mostrar al director sus dibujos y sus cuadros.
En septiembre de 1910 aprueba el examen de ingreso en la Escuela Superior
de Bellas Artes. En septiembre de 1912 solicita del director de la
Escuela le conceda matrícula de gracia -"el interesado
es pobre"- para seguir sus estudios en las asignatura de Paisaje,
Dibujo Antiguo y Ropajes, Anatomía Artística, Perspectiva.
Teoría estética del color e Historia de las Bellas Artes.
Ahora bien, en la misma instancia, de su puño y letra, aclara
el solicitante que "habiendo transcurrido el curso pasado sin
matricularse por sentencia del Consejo de disciplina". La trastada
que hiciese el joven pintor la desconocemos, a pesar de nuestras investigaciones
en la antigua Escuela de la calle Alcalá y en la actual Facultad
de Bellas Artes de la Universidad Complutense "porque los datos
que operan en nuestros archivos se refieren exclusivamente a Profesores
del Centro"
Retornemos al pasado para señalar
que desde el momento que ingresa en la Escuela de Bellas Artes para
dedicarse por completo al estudio de la pintura, don Fernando de Villar
le llama a su despacho para decirle: "Desde hoy en adelante,
aquí no tienes que venir nada más que para cobrar".
Y queda inscrito en nómina hasta la muerte del director. Bien
es verdad que el pintor, siempre que puede, le obsequia con algunos
cuadros; pero no conforme con ello, cuando obtiene la Tercera Medalla
de la Nacional de Bellas Artes, con su lienzo "Capilla del Cristo
de la Misericordia de los Duques de Osuna", se lo regala en prueba
de infinito agradecimiento.
Cuando Cruz Herrera arriba a
Madrid aún lleva grabado en sus ojos la luz de la Baja Andalucía,
el cielo y el mar de la bahía algecireña, el airoso
andar de las mocitas sureñas y, por otra parte, las sabias
enseñanzas recibidas del maestro Gonzalo Bilbao. Y junto a
este hermoso y rico bagaje, una inquietud desbordante y un deseo desmedido
de abrirse camino en el mundillo de la pintura.