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Su
ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando
va a suponer un paso decisivo para completar su formación
artística.
Durante los años de permanencia
en el viejo edificio de la calle de Alcalá será
un aventajado alumno de Cecilio Plá, Joaquín Sorolla,
Muñoz Degrain, López Mezquita, Rodríguez
Acosta, etc. En la Escuela coincide, entre otros, con el pintor
algecireño Rafael Argeles, dos años más
joven que él.
Cruz Herrera trabaja intensamente
y asimila, con prontitud, las enseñanzas y sugerencias
de sus maestros.
Por otra parte, pasa estrecheces,
hace un poco de vida bohemia y a su casa de la La Línea
vendrá solamente en las fiestas de la Navidad y en el
verano.
Esos días de vacaciones
los aprovecha para continuar su tarea pictórica, ahora
cambiando de paisaje y de modelos. "Sus hermanas, bellísimas,
son temas inagotables para sus pinceles", dirá su
amigo José Tabera.
En realidad, le hace retratos
a sus padres, a sus hermanos, "donde ya aparecen los ojos
enormes y negrísimos por sus cuadros, los ojos característicos
en su familia" La primera vez que viene durante las vacaciones
navideñas, su madre le encarga dos cosas.
Primero: que vaya al Museo del
Prado, y haga una copia de la Inmaculada de Murillo, que le
traerá suerte, y otra copia del célebre Cristo
de Velázquez.
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