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El arte se creó para ennoblecer aún
la naturaleza, poniendo en él lo más bello de lo
que Dios ha creado.
Cuando un artista pueda soñar, inventar:
ya nuestro Señor lo ha colocado en el universo. Los colores
de las flores, de los pájaros, de los peces, de las montañas,
del cielo, de los mares, de toda la naturaleza, allí está
para que el pintor lo vea, y lo interprete en su obra, no como
una fotografía, sino como una divina sugerencia que brinda
el artista, para que éste, en su obra, exalte la obra de
Dios en afán de oración y de gracias.
Pero hoy, en vez de aprovechar la obra divina
de la naturaleza, muchos artistas intentan, en el fracaso más
grande enmendarle la plana del mismo Dios.
Y sólo retorciendo y deformando y haciendo
fenómenos, de lo que es la nobleza en la figura humana,
presentan esos espantos que llaman el nuevo arte -que además
ya tiene ochenta años-. No es antiguo, es viejo, porque
estas maneras de pintar no tendrán los honores de pasar
a la antigüedad, y morirá en cuanto desaparezcan los
intereses de los marchantes y de ese público para el cual
ha sido creado.
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AÑOS DE PINTURA EN MARRUECOS >>
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