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Más tarde llegaron a Marruecos
todos los grandes maestros de la Pintura de Francia y celebraban
exposiciones en Casablanca, Rabat, Marrakech; se presentaban en
magníficas salas de exposiciones y acudían un público
selecto y distinguido que adquiría muchas obras.
Este público inteligente,
como el nuestro de aquí, no quería nada de esa pintura
que, con el nombre de abstracta, está invadiendo el mundo
y que ha nacido al mismo tiempo que los gamberros, no sólo
en la pintura, sino en la música, en la literatura, en
la poesía.
Esta clase de pintura no necesita estudio ni preparación
alguna; el que sepa menos es el que acierta, como en las quinielas.
El que sabe pintar debe
acogerse al Arte de no saber pintar. Hacerlo ingenuo, inocente,
imitando a los niños que, por lo menos, son sinceros en
su desconocimiento absoluto de la pintura... y el que no sabe
está en sus glorias, pues no tiene que realizar ningún
esfuerzo para producir tonterías y camelos.
Realmente al público
no le gusta nada de eso, pero hay quien tiene un respeto absurdo
y exclama: "Yo no entiendo esa pintura", y otros, para
seguir pareciendo cerebrales y de una cultura moderna la elogian...
Esa clase de pintura, que debía de llamarse de otra manera,
no tiene nada que ver con lo que fué la pintura desde la
Prehistoria en las Cuevas de Altamira, hasta hace unos años
que llegó el Comunismo en el arte, para destruir todo cuanto
se ha hecho. Y, efectivamente, ese nuevo aspecto no es malo ni
bueno; es otra cosa, quizás decorativa, si no fuera a base
casi siempre del feismo. En fin, algo que para bromas se está
exagerando demasiado, no sólo en España, sino en
el mundo entero. Menos los verdaderos comunistas... Los rusos,
que lo que exhiben en las Bienales de Venecia es pintura seria
al estilo de Sorolla, Muñoz Degraiu, Benedito, en fin,
de los grandes que fueron y seguirán siendo, porque yo
entiendo que en la pintura no hay modas, sino bueno o malo...
Cuando en Rusia sale un genio de lo abstracto lo mandan al campo
a las faenas agrícolas.
Hace falta imaginación
para adivinar lo que no existe en sus cuadros. Yo he visto uno
de tres metros por cuatro metros, todo pintado de negro, en el
que se podía adivinar a Kasayubu y a sus ejércitos
del Congo.
Otros pintan con requesón
y a algunos expertos en esta clase de pintura, les sugiere un
bello paisaje de Miraflores de la Sierra.
Todo esto desorienta al
público aficionado y de buena fe que, francamente, se siente
burlado o se cree de una incapacidad intelectual, para comprender
a tales genios.
Los grandes críticos
elogian en el mundo, ese arte, que no entienden sus mismos creadores.
¿Cómo lo va a comprender ni el público sincero
ni nosotros mismos los pintores, que mejor o peor seguimos las
huellas de lo que fue siempre la verdadera pintura?
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